En 2024, últimas cifras oficiales, 5.531 personas cambiaron de sexo. 3.491 lo hicieron de hombre a mujer. ¿Cuántos mantuvieron su apariencia masculina, su nombre de hombre, su heterosexualidad? No se sabe. No puede saberse. Manu y Paco conocen a varios. Los empleados de los registros civiles, también. Abogados y jueces, lo mismo. ¿Por qué lo hacen? En el caso de Manu –no es su nombre real, a unos días del juicio por custodia compartida por su hija– lo tuvo claro al escuchar una frase: «La fiscal de violencia de género me dijo que, de haber sido hombre mi ex, hubiera acabado en la cárcel. Así que pensé, ¿ah, sí? Pues me hago mujer. Yo lo que quiero es garantizarle un padre a mi hija y el objetivo de mi ex es que no lo tenga».
Gregoria Caro
Advierten de que permitir la autodeterminación de género pone en «riesgo» la igualdad y hasta la «integridad de las mujeres», sobre todo en categorías donde la fuerza o la velocidad son decisivas
Padre o, sobre el papel oficial, dos madres. En unas semanas, Manu tiene el juicio en el que se verá si consigue la custodia compartida por la que lleva luchando seis años, un tiempo en el que su expareja le ha puesto varias denuncias por violencia de género, todas archivadas. Ha sido, en la jerga que maneja Antonia Carrasco, presidenta de GenMad (Asociación de Víctimas de la Ley de Violencia de Género), ‘viogenizado’, o sea, víctima de un uso torticero de la Ley Integral de Violencia de Género.
Manu podría estar ligando con su amigo Paco cerca de donde confiesan que, ahora, son mujeres. Están en la cola para que les firme el libro sobre denuncias falsas Juan Soto Ivars y, poco después de hacerse una foto con él en Málaga, en la librería Luces, enseñan sus DNI y, efectivamente, ahí está la ‘F’ después de «sexo». «Esa F es el escudo que me salva», explica Manu. De estar flirteando allí cerca, donde los cuarentones malagueños acuden de tardeo, estarían haciéndolo con otras mujeres. «Somos unas trans lesbianas», dice Paco, perfectamente afeitado, vaqueros, buen forma física, jersey masculino, al lado de Manu, más alto, tirando a rubio, chinos beige y camisa planchada. Los dos están luchando por las custodias compartidas de sus hijas. Los dos (¿las dos?) llevan años en los tribunales, acumulando archivos y absoluciones a denuncias que les ponen sus ex parejas.
Facilidades para el cambio
Ellos no pueden dar la cara porque temen que les perjudique en sus procesos personales ante los tribunales. Sí lo hacen en sendos vídeos de Youtube Miguel Colomo y Diego Dieguete, Diego Loreta Laborda en su DNI. Ambos explican la facilidad con la que se han cambiado de sexo en el Registro Civil. El primero no se ha cambiado de nombre y el segundo se ha puesto Loreta después de Diego, en un homenaje al personaje masculino de la película ‘La Vida de Brian’ que, en un delirante diálogo, manifiesta su deseo de ser mujer y anuncia que pasa a llamarse justo así, Loreta.
Diego se presentó en el registro con dos amigos al día siguiente de aprobarse la Ley Trans. «Lo más complicado fue la cita previa. Pero es muy sencillo. No te preguntan nada», explica. A Iván, otro malagueño que se ha cambiado de sexo en una pelea por la custodia de su hija, tampoco. Coinciden todos. Los funcionarios de los registros no preguntan por qué la ley lo impide. «Además, es que la ley contempla sanciones por discriminación y transfobia. Deben tener cuidado«, apunta Diego Loreta.
Manu y Paco son ejemplos de lo que Irene Montero, exministra de Igualdad, negara que iba a ocurrir con la aprobación de la ley Trans, en febrero de 2023. Entonces, las feministas más clásicas alertaron de que la norma podría ser usada en fraude de ley por hombres que quisieran ser mujeres para disfrutar de ciertas ventajas de las que carece su sexo, en pruebas de acceso a cuerpos policiales o de bomberos, subvenciones o en la Ley Integral de Violencia de Género. Ha ocurrido. «Ojo, que también hay maltratadores haciendo uso de las posibilidades de la ley Trans. A una mala ley, como la de Violencia de Género, responden unos hombres usando otra mala ley, la ley Trans. Con la primera, hay incentivos para que un perfil de mujer maltratadora la use con denuncias falsas y, en la segunda, hay incentivos también para que se cambien de sexo no sólo los que quieran evitar el mal uso de la LIVG, sino también auténticos maltratadores», explica Antonia Carrasco.
De hecho, ha habido quejas de asociaciones de feministas, sobre todo en Cataluña, sobre el aumento de delitos de penetración sexual cometidos supuestamente por «mujeres». En Sevilla, un juzgado de Violencia de Género tuvo que decir que no podía juzgar a un acusado de maltratador porque era mujer y derivó el caso a un juzgado ordinario. «…el sexo de la persona denunciada ha cambiado, siendo ahora el de mujer, por lo que procede la inhibición de las diligencias previas remitidas por falta de competencia objetiva, con remisión de las mismas a los Juzgados de Instrucción de Sevilla», dictaminó el tribunal, que no consideró que hubiera fraude de ley.
Sí lo están considerando fraude los jueces de vigilancia penitenciaria. Según fuentes del sindicato de funcionarios de prisiones Acaip, por ahora, cuando se ha planteado algún caso de un preso con cambio de sexo pero con apariencia del sexo biológico, los jueces de vigilancia penitenciaria no les están dando permiso para cambiar de prisión. «De todas maneras, esto va a acabar en el Supremo o en el Constitucional tarde o temprano -vaticinan desde Acaip-. Solo hace falta un preso con dinero y un buen abogado«.
Miguel Colomo explica en su vídeo que se ha cambiado de sexo porque se siente mujer. «No hay una única forma de mostrarse como hombre o mujer», afirma. «El cambio de sexo registral no tiene que estar condicionado al cambio físico o de apariencia de la persona», añade este informático felizmente casado. En su caso, dice que lo ha hecho porque no se identifica con la definición de hombre que se da en las leyes impulsadas por la izquierda. Su cambio de sexo, como el de Diego Loreta, es una forma de protesta a una ley de la que se avisó desde múltiples flancos que podría fallar.
Paula Fraga, abogada y feminista, fue de las que más alto criticó esta ley. No le extraña lo que está ocurriendo. «Ya dijimos que era una barbaridad. Es un regalo para maltratadores habituales porque evitan el agravante de género. Me llegan casos de chicas que se quejan en gimnasios de hombres que se han cambiado de sexo y que se meten en los vestuarios y no se puede hacer nada, porque además te pueden acusar de delito de odio«, explica y recuerda también el caso de una asociación de policías y militares que se declararon »trans no normativos«, que no responden al estereotipo, que, como los que luchan con sus ex parejas en divorcios en los tribunales, no se han cambiado de aspecto.
«Ya dijimos que era una barbaridad. Es un regalo para maltratadores habituales porque evitan el agravante de género»
Paula Fraga Abogada
Manu y Fran tienen motivos más prácticos. Aspiran a que, ahora que ven cerca poder tener la custodia compartida, no pueda parar el proceso una denuncia por malos tratos que, de ser hombres, de nuevo, les llevara al juzgado de violencia de género y a que se retrasara más el proceso. «Yo ya lo he vivido y me he pasado más de un año yendo a ver a la niña a un punto de encuentro«, dice Manu. ¿Cómo lo evitan? Tanto ellos, como Antonia Carrasco o Enrique Zamorano, abogado de Francesco Arcuri señalan que, de entrada, siendo mujer evitan la aplicación del llamado ‘Protocolo Cero’ en VioGén, que paraliza, en el caso de un divorcio, medidas sobre régimen de visitas, custodia, etc. Una juez de violencia de género consultada niega que las desventajas sean tan acusadas; sin embargo, Carrasco, Zamorano y las «nuevas mujeres» preguntadas sí lo ven claro: si te ponen una denuncia por malos tratos, mejor que te pille siendo del sexo femenino y en un juzgado «normal».
«Conozco a hombres que se han cambiado de sexo sin decírselo a su mujer, por si alguna vez les denuncian en falso»
Antonia Carrasco Presidenta de la asociación GenMad
Los hombres de la cola en la librería donde está Soto Ivars llaman «vacuna» frente a la LIVG a lo que han hecho y Carrasco confirma que se ha extendido: «Conozco a hombres que se han cambiado de sexo sin decírselo a su mujer, por si alguna vez les denuncian en falso. Ese es el clima de desconfianza que se ha creado«, dice la presidenta de esta asociación que ha aportado abundante información al libro de Soto Ivars, ya situado entre los más vendidos. Y la ley Trans lo pone muy fácil. De hecho, es más sencillo que un cambio de nombre. «Pides cita por internet, te dan un papelito y te dicen que vuelvas en tres meses. Te hacen un par de preguntas. Si estás casado, si tienes hijos. No te pueden preguntar nada sobre cómo te sientes, está prohibido preguntarle a una persona trans cómo se siente. No hay que llevar testigos», explica Manu, que ha dado clase sobre el tema a varios compañeros profesores de instituto, como él, que también lo han hecho.
«De mi mano han ido varios y dos ya han conseguido la compartida». El contacto con sus alumnos dice que le anima a seguir esta batalla: «Hay alguno en 4º de la ESO que no entiende cómo su padre no luchó más por ellos», explica. Él, en esa lucha, se ha hecho mujer. Sabe que es un fraude de ley, es consciente: «Pero es la manera de luchar contra una ley inconstitucional, por mucho que el Constitucional dijera que no lo es«, añade.
Mientras, la ministra de Igualdad, Ana Redondo, en varias comparecencias ha negado que se esté produciendo un fraude de ley. Que no llegan a un 1% los casos que se dictaminan fraudulentos. Justo eso también es la versión oficial sobre la inexistencia de denuncias falsas al amparo de la Ley Integral de Violencia de Género. Hace unos meses, la consejera de Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid, Ana Dávila, le explicó a la ministra que, en la Comunidad de Madrid, se estaban encontrando con casos en puntos de encuentro de parejas en divorcios complicados. El ministerio, según fuentes de la citada Consejería, «dijo que eran muy pocos. Que les daba igual«.
