La discriminación contra personas LGBTIQ+ en Perú sigue teniendo consecuencias profundas y medibles en la vida cotidiana, especialmente en el acceso a oportunidades laborales y educativas. Un reciente estudio académico advierte que revelar la orientación sexual o identidad de género puede incrementar hasta 15 veces el riesgo de perder oportunidades laborales, evidenciando que la exclusión no solo persiste, sino que adopta formas cada vez más sutiles dentro de espacios formales.
El informe, titulado “Los costos de la discriminación en el proyecto de vida de la población LGBTIQ+ en el Perú”, fue elaborado por investigadores de diversas instituciones, entre ellas la Universidad Científica del Sur. Sus hallazgos exponen una problemática estructural: el 83,3% de las personas encuestadas afirmó haber sufrido al menos un episodio de discriminación por su orientación sexual o identidad de género, una cifra que refleja el impacto sistemático de la violencia y exclusión en distintos ámbitos de la vida.
Discriminación laboral y educativa: barreras invisibles que limitan el desarrollo
Uno de los datos más contundentes del estudio revela que el 46,8% de las personas LGBTIQ+ reportó haber perdido oportunidades laborales o educativas clave debido a situaciones de discriminación. Este escenario se agrava con otro indicador crítico: el 24.4% tuvo que suspender, abandonar o postergar sus estudios, afectando directamente sus posibilidades de desarrollo profesional y económico a largo plazo.
De acuerdo con la investigación, estas barreras no siempre se presentan de forma explícita. En muchos casos, la discriminación laboral en Perú se manifiesta de manera encubierta: ascensos que nunca llegan, aumentos salariales negados, exclusión de puestos de liderazgo o decisiones arbitrarias sobre responsabilidades. Incluso, estas prácticas pueden derivar en la no renovación de contratos o la imposibilidad de alcanzar estabilidad laboral.
Además, el estudio advierte que esta exclusión empuja a muchas personas a aceptar empleos precarios o de menor remuneración. En el caso de las mujeres transgénero, esta situación puede derivar en la inserción en el trabajo sexual como una alternativa forzada ante la falta de opciones laborales dignas, incrementando su vulnerabilidad social y económica.
Otro hallazgo relevante indica que “salir del clóset” incrementa en 3,8 veces el riesgo de frustrar proyectos de vida, en comparación con quienes optan por ocultar su identidad. Esta presión constante genera un entorno de autocensura: el 30,5% de los participantes admitió ocultar su identidad en espacios laborales o educativos de manera frecuente.
Impacto económico y exclusión interseccional: el costo de ser visible
El estudio también dimensiona el impacto económico de la discriminación, señalando que las personas LGBTIQ+ que enfrentan estas situaciones pueden ver incrementados sus gastos hasta en 8,9 veces. Entre las principales causas se encuentran la pérdida de apoyo familiar y, en casos más graves, la expulsión del hogar, una realidad que obliga a muchos jóvenes a asumir una independencia económica prematura.
A estos factores se suman los gastos en salud mental y bienestar. Las personas afectadas destinan, en promedio, S/ 450 mensuales en terapias psicológicas y tratamientos especializados. En el caso de personas transgénero, los costos se elevan considerablemente debido a intervenciones no cubiertas por el sistema de salud, como terapias hormonales o cirugías de afirmación de género, que pueden oscilar entre S/ 20.000 y S/ 25.000.
La inestabilidad también se traduce en gastos adicionales como mudanzas forzadas para escapar de entornos hostiles o el uso de transporte privado para evitar situaciones de riesgo. Estas condiciones dificultan la planificación financiera a largo plazo, afectando metas como el ahorro o la jubilación.
El psicólogo Arístides Vara-Horna, otro de los autores del estudio, sostiene que estas experiencias generan un impacto acumulativo. “Hemos encontrado en el estudio que estas experiencias de discriminación y violencia son efectivas, porque logran que la gente se auto restrinja, es decir, disminuya sus propias ambiciones”, explica.
La investigación también incorpora un enfoque de interseccionalidad, evidenciando que no todas las personas LGBTIQ+ enfrentan los mismos niveles de riesgo. Las personas transgénero, intersexuales y no binarias reportaron los niveles más altos de afectación: el 96% indicó haber sufrido una afectación severa o haber renunciado a su proyecto de vida.
Factores como la ubicación geográfica, la clase social o la discapacidad agravan estas condiciones. En zonas rurales de la Amazonía y la sierra peruana, por ejemplo, se registran mayores niveles de violencia y menor acceso a redes de apoyo o servicios especializados. Asimismo, las personas con discapacidad enfrentan una doble exclusión, acumulando barreras que limitan aún más sus oportunidades.
El estudio subraya que estas desigualdades no son aisladas, sino que responden a un sistema que continúa penalizando la diversidad. En ese contexto, la visibilidad —que debería ser un derecho— se convierte en un factor de riesgo que impacta directamente en el acceso a derechos fundamentales como el trabajo, la educación y una vida digna.
