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Lo difícil que fue para Claudia López salir del closet


2019-11-02
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Las 2 orillas

“Fue de grande, digamos, lo de salir del closet —recuerda Claudia—. Mi mamá, mis tías, todas me adoran, pero son las más católicas, las más rezanderas, las típicas que le dicen a uno: mijita, imagínate que la primita de no sé quién, parece que [le sucede] lo que le pasa a los niños, que están como confundidos, de pronto con el psicólogo se les pasa. Y yo decía, Dios mío, si mi mamá cree que esto es de psicólogo y de rezar… Entonces el tiempo pasó, y pasó y pasó, y ya cuando yo era grande, tenía más de 25 años, no me acuerdo exactamente, finalmente lo hablamos explícitamente”[1].

Por cuestiones de la vida que no sabemos ni podemos explicar, las cosas se dan cuando deben darse sin necesidad de anuncio ni preparación. Y el encuentro con la verdad ocurre el día en el que se gradúa de su maestría en Administración Pública y Política Urbana de la Universidad de Columbia en Nueva York. “Es un reencuentro especial, en el que aflora una verdad que vale la pena contar. Claudia le confiesa su orientación sexual. María del Carmen lo intuía, desde que su hija era adolescente. Se siente culpable por no haberle consultado antes. “¿Por qué no estuve ahí?”, se cuestiona. Claudia la mira y le dice “Sí, mami, tú estuviste ahí, por eso estamos hablando”[1].

“Fue muy bello… De haber sabido que iba a ser tan fácil, seguro se lo digo antes. Y con mi papá fue igual…”[2].

“Las confesiones las unen más. Y la distancia, porque, luego de la maestría, Claudia se va a trabajar en un programa de Naciones Unidas, obtenido por concurso. Durante seis años viaja por América Latina, documentando y asesorando gobiernos de ciudades en movilidad y seguridad, desde Chile hasta México”[3].

Es bastante revelador acerca de lo que habita y se agita al interior de una sociedad, cuando cada paso político que da Claudia López es leído desde su orientación sexual.

La prensa titula: ‘Primera mujer lesbiana candidata presidencial’, ‘Primera mujer lesbiana candidata vicepresidencial’, ‘Primera mujer lesbiana candidata a la Alcaldía de Bogotá’. ‘Es la primera mujer lesbiana en la historia política del país que aspira a ser vicepresidente de la República’, señala un destacado columnista. Es como si se pensara que ella es un desafío para el sistema vigente no por su peso intelectual y trayectoria política y social, ni por sus ideas innovadoras, su valentía y agudeza en la investigación o su compromiso con la igualdad y la decencia administrativa, sino por declarar su amor hacía una mujer. ¿Alguna vez hemos visto que a un político heterosexual se le pregunte sobre sus amores o que la prensa titule con sus preferencias sexuales?

En mayo de 2015  Claudia López confesó, al borde del llanto, lo difícil que es ser lesbiana y católica a la vez, y dijo que muchas veces se ha sentido discriminada.

“Durante el foro sobre la igualdad de derechos para la comunidad LGBTI, organizado por la Fundación Buen Gobierno, la congresista estrella de la Alianza Verde, la contradictora más férrea del Uribismo, se mostró frágil frente al debate sobre la discriminación de las minorías.

 Lo hizo durante una disertación con el senador del Partido Conservador Hernán Andrade y la periodista María Jimena Duzán. “Yo soy mujer, que es una población altamente discriminada en muchas esferas sociales; soy lesbiana, que también es una población altamente discriminada, yo sé que es tener que esperar a ratificar afecto por afecto, yo sé que es tener el temor de decirle a mi mamá yo tengo esta orientación sexual, sabiendo que por su fe religiosa va a entrar en un conflicto entre su fe, su formación y el apoyo infinito que me tiene”, manifestó con la voz entrecortada.

En medio de su relato personal que conmovió al auditorio agregó: “Cuando uno en la vida se tiene que ganar la validez de afecto por afecto y derecho por derecho, que es lo que les ha tocado a las personas LGBTI, pues no le queda sino la fuerza del corazón y el carácter, no le queda más”. Dijo que la defensa de sus derechos no es capricho ni una batalla, sino la defensa de que en la Constitución dice que todos los colombianos son iguales ante la ley[4].

Por esos mismos días se desató una polvareda mediática, que ocultaba perversos y mezquinos intereses. El tema fueron unas cartillas educativas y el escándalo fue mayúsculo. Claudia López salió, como correspondía, en defensa más que de la ministra Parody, de la igualdad, la justicia y el derecho a la autodeterminación.

En el diario El Tiempo publicó una columna titulada “Saliendo del closet”, en la que preguntaba: ¿Vamos a negarles el derecho a aprender a vivir sin discriminar o ser discriminados? ¡Por Dios!

“De todo queda un saldo a favor. Pocas veces los padres habían estado más interesados en conocer los manuales de convivencia. Pocas veces los que dicen respetar habían demostrado más francamente su intolerancia: enfermos, desviados, depravados, anormales, les gritaron a la ministra y a los homosexuales en general. Que rija la Biblia y no la Constitución, dijeron también.

El oportunismo politiquero fue, en cambio, el mismo de siempre: firme contra Santos, vote No a la paz, abajo el Gobierno. Los promotores religiosos y políticos marcharon por el diezmo y el voto de los padres; los niños y la familia no son más que sus anzuelos.

Es la primera vez que una mujer joven, profesional, y también católica y lesbiana, que no lo niega ni se avergüenza de serlo, es ministra de Educación. Puedo entender por qué eso atemoriza a miles de padres y les genera dudas sobre si eso tendrá alguna influencia negativa en sus hijos.

Aunque la evidencia científica confirma que ni siquiera la orientación sexual de los padres tiene una influencia negativa en los niños (¡mucho menos la de una ministra!), esa prevención es una realidad cultural y política legítima que requiere reconocer los mutuos prejuicios, no desconocerlos.

Por eso la ministra está obligada a tener un diálogo más amplio, más franco, con todos los sectores, especialmente con aquellos en los que genera más resistencias, como las iglesias y los sectores más conservadores.

En el 2008, el presidente Uribe, su ministra (igualmente capaz, pero no lesbiana) difundieron cartillas de educación sexual y ciudadana. Nadie marchó ni tergiversó el concepto de identidad de género en “ideología de género”, ni fundió los más de 10 tipos de familias que existen en una sola que “va a ser destruida”. Hacen falta agitadores religiosos y políticos capaces de mentir para lograr esa manipulación”.

Las cartillas del gobierno Uribe desarrollan los mismos conceptos que las de este año por lo que recomiendo a la ministra reimprimirlas y usarlas. Al fin y al cabo, la orden de la Corte Constitucional es revisar los manuales de los colegios, no las cartillas del Ministerio, para evitar el matoneo por discriminación, en particular por orientación sexual, dado que la orden es producto de una tutela en defensa de un joven gay que se suicidó por discriminación de las directivas de su colegio.

Es para que nunca nadie tenga que matarse por ser discriminado. Ni vivir en la humillación del matoneo, ni ser excluido y denigrado por ser una minoría que nuestra Constitución nos garantiza a todos ser reconocidos y tratados como iguales ante la ley y el Estado, independientemente de nuestra raza, lengua, nacionalidad, religión, opinión política, sexo u orientación sexual.

Esa conquista democrática para todos es la que nos permite ser diversos y convivir en paz. Además de que no hemos sido capaces de legarles a nuestros jóvenes un país sin violencia armada, ¿vamos a negarles el derecho a aprender a vivir sin discriminar o ser discriminados? ¡Por Dios!”[5].

En septiembre de 2016, Claudia López fue invitada a participar en un evento convocado por líderes y lideresas de las Escuelas de Formación LGBTI de Barranquilla y Cartagena. Allí afirmó no estar dispuesta a regresar al closet. “Tenemos que entender con tranquilidad qué está pasando. Nosotros llevamos 15 años haciendo litigio estratégico ante las cortes, y ganando derecho por derecho. Y cada logro nuestro, cada vez que alguien tiene liderazgo público, representa esta causa, logramos que una Alcaldía haga una política LGBT, logramos que la Corte reconozca nuestros derechos, cada una de esas cosas que nosotros celebramos como un avance, hay otro sector de la sociedad que lo siente como una derrota. Y yo siento que lo que pasó en buena medida es una expresión de esa frustración de quienes tienen una visión de mundo distinta a la nuestra, y sienten que llevan muchos años perdiendo, y digo sienten porque no han perdido nada, sus familias siguen siendo sus familias, su visión de mundo sigue siendo su visión del mundo…

Nosotros no vamos  dar un paso atrás, no vamos al volver al closet y no nos vamos a parar en una esquina a defendernos del resto del mundo. Tenemos que entender con tranquilidad que estas son transformaciones culturales que tienen este tipo de expresiones, y las vamos a seguir viendo. No fue una coyuntura; marchas como las de la semana pasada,  y políticos capitalizando el miedo en defensa de la familia  los vamos a ver cada vez más porque es una causa política rentable y electoralmente rentable, porque explotar el miedo en algunos sectores de la sociedad es religiosa, política o electoralmente rentable”[6].

En un artículo titulado “Las semidiosas gais de Colombia”, se cuenta que el general Richard Dannat, un antiguo oficial del ejército británico y exjefe del Estado Mayor, afirmaba que además de la comunicación y el carácter, la valentía es algo que el líder de hoy necesita más que nunca. “La valentía es una palabra que todo el mundo entiende… La valentía moral —distinguir la acción correcta y ejecutarla aunque sea impopular y le genere grandes críticas— es casi más importante que la valentía física. En pocas palabras, ver cómo estas mujeres creen en sí mismas y se sostienen en lo que consideran correcto, aunque sea incómodo para medio país, es de admirar.

Entre las mujeres reconocidas como voces que van más allá del arcoíris, no solo porque se han declarado abiertamente homosexuales, también porque cumplen con todas las características anteriormente mencionadas, permitiendo que vivamos en un país un poco más libre de prejuicios, inspirando a cientos de jóvenes en cada una de sus profesiones, promoviendo el respeto en ámbitos sociales, económicos, políticos y culturales[7], se destaca a Claudia López.

Mientras el país que ha sido víctima de la marginalidad y el rechazo acepta sin temor esta legitima opción,  y expresa admiración por quienes se atreven a ser quienes son sin poses ni engaños; hay otros, dentro de ese mismo sector que se lucran del miedo, que los domina la ignorancia y los prejuicios, y que se han propuesto impedir la construcción de un Estado igualitario donde se respete el derecho a ser diferente y se acepte como parte del pluralismo que nos enriquece como sociedad. Unos amenazan e intimidan y otros interponen acciones para socavar derechos y libertades constitucionalmente reconocidos en Colombia.

[1] Op. Cit; El Espectador; “Estudiante de Biología, hija de una profesora: así ha sido la vida de Claudia López”..

[2] Op. Cit; Semana; #LaVidaMeEnseñó. “Mi mayor sueño es tener un hijo”: Claudia López..

[3] Op. Cit; El Espectador; “Estudiante de Biología, hija de una profesora: así ha sido la vida de Claudia López”.

[4] Caracol; “Es difícil ser lesbiana y católica: Claudia López”. Bogotá. 15 de mayo de 2015. Consultado en: https://caracol.com.co/radio/2015/05/14/nacional/1431624960_762481.html

[5] El Tiempo; “Saliendo del closet”. Sección. Bogotá, 20 de agosto de 2016. Consultado en: https://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-16678934

[6] Caribe Afirmativo; “"No vamos a volver al closet": senadora Claudia López”. Video. Cartagena, 2 de septiembre de 2016. Consultado en: https://youtu.be/FIwqjdFeCho

[7] Parra, Silvia; “Las semidiosas gais de Colombia”. Bogotá, 28 de junio de 2017. Consultado en: https://www.las2orillas.co/las-semidiosas-gais-colombia/

[1] Op. Cit; Semana; #LaVidaMeEnseñó. “Mi mayor sueño es tener un hijo”: Claudia López.